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¿Cómo puede ayudar el psicólogo deportivo al deportista?


En general, existen tres grandes áreas de trabajo psicológico en el deporte de competición:

a.El área del entrenamiento deportivo, en la que el principal objetivo es contribuir a ampliar las posibilidades de rendimiento de los deportistas, ayudando a mejorar y “poner a punto” sus recursos psicológicos.

b.El área de la competición deportiva, en la que se trata de colaborar a que los deportistas pongan en práctica las habilidades que dominan en las condiciones estresantes de la competición.

c.Un área de apoyo a las anteriores, en la que se incluyen apartados que pueden contribuir a optimizar el rendimiento tanto en el entrenamiento como en la competición; principalmente: la comunicación interpersonal, el funcionamiento del grupo, la prevención y rehabilitación de lesiones, y el ajuste o equilibrio psicológico. (Formación personal).

Por tanto, en contraste con lo que todavía piensan algunas personas del deporte, el trabajo psicológico no es algo que sirva únicamente para los deportistas con problemas emocionales de cualquier tipo, sino que constituye una rama más de la preparación global del deportista, al igual que la preparación física, el entrenamiento técnico o el entrenamiento táctico.

Ello no implica que el psicólogo también pueda intervenir para la prevención de alteraciones mentales o emocionales y el control o alivio de éstas cuando estén presentes. Lo que debe quedar claro, es que el psicólogo del deporte tiene como prioridad, establecer un plan de entrenamiento psicológico, que permita al deportista afrontar con mayores recursos y satisfacción su vida deportiva.

En ocasiones se ha planteado si la intervención psicológica debe centrarse:
1.Prioritariamente en el rendimiento deportivo del deportista.
2.En cuestiones más relacionadas con el deportista como persona, tales como su desarrollo integral, su funcionamiento general o su ajuste emocional.
En el deporte de competición, está claro que el rendimiento del deportista debe ser el principal objetivo del trabajo psicológico, pero sin olvidar al deportista como persona, una persona equilibrada, contenta y feliz es más fácil que rinda mejor en todas las facetas de su vida, entre ellas la deportiva.
Al igual que el entrenamiento físico pretende incidir sobre variables relevantes para el rendimiento como la resistencia, la potencia, la velocidad, el trabajo psicológico se orienta al trabajo sobre una serie de variables psicológicas que también influyen en el rendimiento: Motivación, Estrés, Auto-confianza, Nivel de activación, Atención, Agresividad, Comunicación interpersonal y Cohesión de grupo (Se explican algunas).

- Motivación: Variable decisiva por su incidencia en el compromiso de los deportistas con su actividad, y con ello conductas de adherencia, persistencia y tolerancia a la adversidad. También influye en el nivel de activación de los deportistas y en procesos cognitivos (pensamiento) que afectan a su estado emocional.
Por ejemplo: Jugador de baloncesto que tiene muy claro sus objetivos cada vez que sale a la pista, sabe su rol dentro del equipo (se siente importante), lleva 7 años en el club y tiene un gran espíritu de superación; es fácil que su motivación sea adecuada.

- Estrés: Frecuente en los deportes de competición, se refiere a un estado de sobre alerta e híper funcionamiento mental que puede derivar en: ansiedad, estado de ánimo depresivo, hostilidad o agotamiento psicológico. Dependiendo de la situación influye en el nivel de activación del deportista y puede afectar a procesos de pensamiento relevantes
(toma decisiones) y en general a la salud física y mental. Hay que diferenciar el “estrés positivo”del “estrés negativo”.
Por ejemplo: Estrés positivo: El entrenador antes de un partido que el equipo considera muy fácil, crea al equipo “tensión” con unas declaraciones en prensa, para así “activar” al equipo y evitar el exceso de confianza.
Estrés negativo: Jugador de baloncesto que juega con mucha presión
(estrés negativo) ya que el club está pensando en “cortarlo” si no mejora
su rendimiento. Esto es probable que le lleve a tomar malas decisiones, a
jugar tenso…


Auto-confianza: Confianza del deportista en sus propios recursos para hacer frente a las demandas del entrenamiento y la competición. Influye decisivamente en la motivación y el estrés, pudiendo determinar una u otra.
Por ejemplo: Una jugador de baloncesto con alta autoconfianza, que
cuando llega el momento decisivo del partido, se ofrece, pide el balón y
asume la responsabilidad.


Nivel de activación: Respuesta fisiológica (sensaciones corporales) y cognitiva (pensamiento) determinada por la motivación o el estrés. Existe un “nivel de activación óptimo”, es decir, un nivel de activación/estimulación/alerta necesario para afrontar las demandas del entrenamiento o la competición y rendir adecuadamente.
Por ejemplo: Un deportista sobre activado (exceso de activación) es probable que tome decisiones precitadas/erróneas. Un equipo que ante un partido a priori “fácil”, su nivel de activación sea bajo (se confía), con las consiguientes consecuencias (Vienen las “sorpresas”).

A través del asesoramiento y de la formación continúa se pretende que el deportista se familiarice con estas variables que afectan a su rendimiento y sea capaz de dominarlas con el consiguiente beneficio para el deportista y el grupo (en el caso de deportes de equipo). Cada vez es más frecuente en el ámbito del deporte, que se resalte la importancia de aspectos mentales en el rendimiento deportivo (“El equipo no está bien mentalmente”, “Nos faltó concentración”) sin embargo y a pesar de que se han realizado ciertos avances, sigue siendo un campo donde no se le acaba de dar la importancia que realmente tiene (Ejemplo: Hoy en día todos los equipos tienen preparador físico, ¿cuántos cuentan con la figura del psicólogo deportivo?).

En ocasiones se ha planteado si la intervención psicológica debe centrarse:
1.Prioritariamente en el rendimiento deportivo del deportista.
2.En cuestiones más relacionadas con el deportista como persona, tales como su desarrollo integral, su funcionamiento general o su ajuste emocional.
En el deporte de competición, está claro que el rendimiento del deportista debe ser el principal objetivo del trabajo psicológico, pero sin olvidar al deportista como persona, una persona equilibrada, contenta y feliz es más fácil que rinda mejor en todas las facetas de su vida, entre ellas la deportiva.
Al igual que el entrenamiento físico pretende incidir sobre variables relevantes para el rendimiento como la resistencia, la potencia, la velocidad, el trabajo psicológico se orienta al trabajo sobre una serie de variables psicológicas que también influyen en el rendimiento: Motivación, Estrés, Auto-confianza, Nivel de activación, Atención, Agresividad, Comunicación interpersonal y Cohesión de grupo (Se explican algunas).

- Motivación: Variable decisiva por su incidencia en el compromiso de los deportistas con su actividad, y con ello conductas de adherencia, persistencia y tolerancia a la adversidad. También influye en el nivel de activación de los deportistas y en procesos cognitivos (pensamiento) que afectan a su estado emocional.
Por ejemplo: Jugador de baloncesto que tiene muy claro sus objetivos cada vez que sale a la pista, sabe su rol dentro del equipo (se siente importante), lleva 7 años en el club y tiene un gran espíritu de superación; es fácil que su motivación sea adecuada.

- Estrés: Frecuente en los deportes de competición, se refiere a un estado de sobre alerta e híper funcionamiento mental que puede derivar en: ansiedad, estado de ánimo depresivo, hostilidad o agotamiento psicológico. Dependiendo de la situación influye en el nivel de activación del deportista y puede afectar a procesos de pensamiento relevantes
(toma decisiones) y en general a la salud física y mental. Hay que diferenciar el “estrés positivo”del “estrés negativo”.
Por ejemplo: Estrés positivo: El entrenador antes de un partido que el equipo considera muy fácil, crea al equipo “tensión” con unas declaraciones en prensa, para así “activar” al equipo y evitar el exceso de confianza.
Estrés negativo: Jugador de baloncesto que juega con mucha presión
(estrés negativo) ya que el club está pensando en “cortarlo” si no mejora
su rendimiento. Esto es probable que le lleve a tomar malas decisiones, a
jugar tenso…


- Auto-confianza: Confianza del deportista en sus propios recursos para hacer frente a las demandas del entrenamiento y la competición. Influye decisivamente en la motivación y el estrés, pudiendo determinar una u otra.
Por ejemplo: Una jugador de baloncesto con alta autoconfianza, que
cuando llega el momento decisivo del partido, se ofrece, pide el balón y
asume la responsabilidad.


- Nivel de activación: Respuesta fisiológica (sensaciones corporales) y cognitiva (pensamiento) determinada por la motivación o el estrés. Existe un “nivel de activación óptimo”, es decir, un nivel de activación/estimulación/alerta necesario para afrontar las demandas del entrenamiento o la competición y rendir adecuadamente.
Por ejemplo: Un deportista sobre activado (exceso de activación) es probable que tome decisiones precitadas/erróneas. Un equipo que ante un partido a priori “fácil”, su nivel de activación sea bajo (se confía), con las consiguientes consecuencias (Vienen las “sorpresas”).

A través del asesoramiento y de la formación continúa se pretende que el deportista se familiarice con estas variables que afectan a su rendimiento y sea capaz de dominarlas con el consiguiente beneficio para el deportista y el grupo (en el caso de deportes de equipo). Cada vez es más frecuente en el ámbito del deporte, que se resalte la importancia de aspectos mentales en el rendimiento deportivo (“El equipo no está bien mentalmente”, “Nos faltó concentración”) sin embargo y a pesar de que se han realizado ciertos avances, sigue siendo un campo donde no se le acaba de dar la importancia que realmente tiene (Ejemplo: Hoy en día todos los equipos tienen preparador físico, ¿cuántos cuentan con la figura del psicólogo deportivo?).


Lic. Luis Gómez Correa
Psicólogo Deportivo

     
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